Lenguaje de viajando conmigo

Siempre me ha gustado el lenguaje de la palabra escrita, de las imágenes que rondan el mundo en silencio, del amor que se expresa con dulzura, de los pinceles que difuminan colores a través de las almas, de las sensaciones de los olores cuando se cierran los ojos, del roce de la persona amada… Viajando conmigo es una bitácora por el mundo de mis sensaciones… me acompañas?

Solo puedo decir que cada nuevo destino con billete de vuelta, me enseña un pedazo de mi que desconocía.


Celebrando la vida

Hace por lo menos dos meses que el tiempo me llega hasta el cuello… y voy de bólido por la vida… a veces tengo la necesidad de detenerme y “observar” pero tal como llevo mi vida, “detenerme” solo me queda para dormir y apenas comer…
Me costó mucho tomar la decisión de dejar el taller de pintura, pero lo hice por que a pesar de ser tres horas a la semana, me incluye una hora de ida y otra de vueltas, por lo cual se traduce en cinco horas que he ganado en mi vida y a pesar de ello aún no me queda tiempo para “observar”.
La manera de estar en contacto con los míos es mediante las cosas que escribo. Cuando llego a casa tras el gimnasio, el trabajo o la universidad, estoy tan agotada, así solo me queda cenar e ir a la cama, despertar muy pronto al día siguiente y empezar de nuevo con esta carrera que tengo llamada vida.
Hace unos días mientras conducía, pensaba que aunque voy corriendo a todos lados, es simplemente porque quiero, fácilmente podría renunciar a mis aficiones como escribir, hacer fotos o ir al gimnasio, pero me rehúso a quedarme con solo deberes (trabajo y universidad). Así que voy estirando el tiempo corriendo por la vida!!... y como de vez en cuando necesito “observar” y ello implica detenerse, ésta mañana me levanté muy temprano y me fui al mar a esperar el amanecer…
Y allí con cámara en mano y trípode armado, me deleité con esos segundo en los que el sol demuestra su fuerza… mientras yo correteaba al son del oleaje que jugaba a mojarme mientras introducía el trípode en la arena para poder captar la magia y fuerza de la naturaleza…
Me sentía viva!!, observando, corriendo y fotografiando al mismo tiempo… así que hoy me siento absolutamente renovada y puedo seguir “corriendo”… y para terminar les dejo el resultado de mi mañana.
PB140083_1
PB140209_1

PB140096_1
PB140105_1_1

Mochima

Después de tantos días entre nubes y lluvias al fin parece que sale el sol y le da una tregua al frío, trabajo muy cerca al mar y es divino escuchar las gaviotas que lo celebran con “cánticos” de alegría y revoloteos en el aire… se persiguen unas a otras, se suspenden ágilmente el aire, juegan con él y bajan a tierra firme… entre tanto por mi mente pasa una especie de película mental en forma de recuerdos:
Nos deteníamos junto a la familia en medio de la carretera, a observar el horizonte que nos regalaba una inmensidad de azules, un sol esplendido, unos pelícanos jugando con el aire, buscando comida y “aterrando” en el agua en picado, mientras observábamos perplejos las hazañas de vuelo de aquellos animales…
Estaba en San Antonio del Golfo un pequeño poblado en el estado Sucre que es la vía hacia Mochima.
P9220460
P9220449 P9220451 P9220458 P9220455
El camino está lleno de “tenderetes” (casas, quioscos, chiringuitos) con venta de artesanías, dulces típicos, venta de agua de “coco fresco” para amainar el calor de los que cruzan aquellas carreteras… en medio de la vía hay obstáculos y generalmente están llenos de niños que se acercan a las ventanas de los coches a ofrecer empanadas, arepas, dulces, castaña, mango o cualquier cosa que les pueda ser una fuente de ingreso.
Después del sol que nos regaló San Antonio del Golfo a medida que nos acercamos a Mochima el cielo amenaza con lluvias… de pronto se tapa el sol y abajo vemos el parque Nacional Mochima.
P9220478_1
Mochima es un pequeño pueblo olvidado de la “mano de Dios” un pueblo pesquero que vive escasamente del turismo, tres tiendas con los artículos básicos para vivir y un montón de casas en cuyas fachadas se anuncia “se alquila habitación, casa, apartamento, etc.”
Todos se conocen y si preguntas por alguien, todos saben donde vive, nuestra “tropa” ya tenía lugar donde llegar.
Así que aquella anoche dormimos en una casa en la que “entramos más de los que cabíamos”… así es en mi tierra; “donde come uno, comen dos” y “donde duerme uno duermen veinte”!! Jajajajaja
Aquella noche se acercaron al lugar mis padrinos y la madrina de mi hermano para compartir junto a nosotros la noche familiar… no me alcanzan los dedos de los pies ni de las manos para contar cuantos éramos en aquel “pequeño hogar”, solo puedo contar que aquella noche reí como hacía mucho que no reía, me dolía el estómago, me sentía verdaderamente en casa…
Mis padrinos, que son muchos, según me cuenta mi madre, los elegí a los cinco años que fue cuando me bautizaron. Los que me visitaban aquel día, los recuerdo claramente en mi infancia, eran mis primos que vivían en casa de mi abuela e hicieron de “Padre o Madre” en muchas ocasiones…
Aquella noche toda la tropa nos reunimos a jugar lotería, un juego popular de la zona y en el que dentro de mi familia se está absolutamente permitido hacer trampas, así que las risas de aquella noche eran de la complicidad de saber que el que estaba a tu lado hacía picardía igual que tu, mientras nos reíamos a carcajada haciéndonos los locos, aunque al día siguiente todos confesaríamos con grandes risotadas quien hizo la picardía más grande…
Esa noche me fui a la cama con una sonrisa en el alma, con la sensación de estar en el espíritu de mi familia, entre bromas y risas.

Al día siguiente tomamos una lancha para hacer una pequeña ruta por los islotes, así que disfrutamos de la naturaleza que nos regalaba el mar… allí en medio del agua nacían inmensas rocas de colores ocres, texturas, se escondían cuevas, en una de ellas estaba la virgen de los pescadores...
P9230548_1_1 P9230543_1_1

P9230565_1_1
P9230525_1_1 P9230523_1_1P9230558_1_1

...y “mas allá” escondidos en un rincón encontramos pescadores, a los que no tardamos en acercarnos con el bote y comprar pescado fresco.

P9230528_1_1
P9230539

Después de la excursión de casi hora y media, nos dejaron en la playa, de la que disfrutamos del agua y de la familia.

De vuelta a casa estábamos agotados del día de sol… así que solo nos duchamos, cenamos y otra vez a dormir… no sin antes coquetear y jugar un poco con mi sobrina, mientras le decía: “modela mami, modela”, pero en esta ocasión yo modelaba junto a ella.
P9230573 P9230575

Catuaro

Parece que ahora si llegó el Otoño, se siente ese frío que se cuela entre huesos, amanece cada vez más tarde y la mañana me regala un universo de magentas entre las nubes… que se van difuminando hasta convertirse en grises, morados, naranjas indicando que el día anterior fue un día de lluvia… y entonces recuerdo las lluvias torrenciales de ese clima tropical de mi tierra…
Volví a dejarme mojar por sus lluvias torrenciales en la noche en que volvimos de comer con la familia, salí como niña descalza a las calle de mi vieja casa a dejarme empapar por la vida…
Al día siguiente partiríamos al pueblo de mi Madre, Catuaro, un pequeño pueblo perdido entre las montañas del estado Sucre, cuya Iglesia Colonial en ruinas data de 1766.
Catuaro a través de una flor Catuaro
Campanario de Catuaro Herida en el campanario
En aquel poblado fundado por los frailes capuchinos Aragoneses en 1689, trascurrieron algunas de mis vacaciones de infancia y adolescencia, junto a mis primos, hermanos y parientes… aquel lugar está lleno de familia… todos de alguna manera tenemos algún parentesco.


Podría escribir una novela interminable de la cantidad de primos, sobrinos, abuelos y tíos abuelos que hay por aquellas regiones, podría ser 100 años de soledad donde los nombre van pasando de generación en generación y nadie sabe a que generación pertenece… un pueblo cuyo encanto radica en la gente…
A nivel de Arquitectura es un pueblo abandonado, con huecos en sus calles y con un trasporte público exento de comodidades, horarios y destino fijo… sin embargo y a pesar de la soledad, calma y tranquilidad que respira, sus calles no dejan de vestirse de colores muy luminosos como reflejo de la alegría de su gente…


Todos sonríen, bromean y te abrazan, todos te invitan a comer y se alegran de verte volver… sus abrazos fuertes, se quedan marcados en el alma… esa alma que jugó de niña y adolescente entre sus calles…
El Pueblo es una simple manzana, que con los años se ha ido vaciando de abuelos… los famosos y queridos abuelos que han marchado por las nubes del mismo valle y los que sus hijos se han llevado a las ciudades para cuidarles… o los que se han quedado y ya casi no tienen memoria…
Quedan pocos que puedan contar esas largas historias… llegan nuevas generaciones que solo visitan el pueblo durante el fin de semana, y entonces aquel paraíso de silencio y tranquilidad semanal, se convierte en fiesta y alegría de niños correteando por las calles en sábados y domingos, se encienden las músicas para que se escuche hasta lo más alto de las montañas, y si hay alguna celebración, como fue el caso de nuestra visita en aquella ocasión, pueden pasar toda la noche tirando cohetes sin parar…
Es un pueblo que pasa de la calma al desorden en cuestión de un segundo… y aunque muchas veces no hay agua y también se va la luz, contratiempos “importantes” para cuando hay invitados, particularmente me quedo con el amor a los recuerdos que llevo dentro, cuando estuve en sus calles y aquella vieja casa de bahareque y techos altos que acogió a mi abuela en la crianza de sus hijos.
En aquellos días en el pueblo de mi madre, después de 18 años volví al caminar entre las piedras del río…

lleno de mariposas, libélulas y hermosas miniaturas que no olvidé fotografiar…

miniaturas de la naturaleza Detalles entre el rio camino del rio
También celebraban la fiesta de la Virgen del Valle y la sacaron a pasear por sus calles, se celebró una misa que se llenó de feligreses…



La siguiente parada será Mochima.

Días en mi ciudad

El segundo día de nuestra llegada evidentemente no había mucho por hacer, solo descansar después de casi 20 horas de viaje, entre esperas, trasbordo y demás han pasado un montón de horas hasta llegar a casa, así que aquel día no salimos para ningún lado, también moverte un poco, con el calor abrasador de mi ciudad, era bañarse de sudor y la verdad que no apetecía.
En casa y “para molestia del planeta” en todas las habitaciones, incluso la sala, hay aire acondicionado, así que moverse por aquellos lados es como estar dentro de una nevera y cuando pasas el umbral de la “nevera” es como si pasas directamente al desierto (jajajaja es una forma de “graficar” la sensación de temperatura). Aquel día mientras el cuerpo se aclimataba, nos quedamos dentro de la “nevera”…
Yo pasé horas escaneando viejas fotografías y disfrutando de la cocinita de mi sobrina, sus bailes, teatros y demás… con aquella niña y mi otra sobrina la más grandecita, no había quien se aburriese…


En la noche el hogar se me lleno de gente, entre primos, primitos, amigas e hijos de mis amigas… por mi casa había un desfile de niños que por estos lado no se acostumbra a ver, era divertido verles socializar y jugar en un mundo tan aparte del de los adultos.
Hubiese querido partirme en 20, no disfruté al máximo de la gente… sus compañías y mi visita fue como un pequeño suspiro… sin embargo agradezco los abrazos, esos eternos “amapuches” que trasmiten calor, amor, infinita amistad… con ellos me quedo y esas miradas de alegría al reencontrarnos.
Al día siguiente después del descanso, vino la comida familiar, nos reunimos en la finca de uno de mis tíos a comer “sanccocho de cruzado” y “carne en vara”. Para continuar con la “racha” de la luz, aquel día se fue la luz en la zona, por lo cual la bomba de agua se había dañado, así que “ni luz, ni agua” (jajajaja). Menos mal que el carácter del venezolano es bastante jovial y este tipo de circunstancias dan pié para bromas, chistes y demás… menos mal que mi familia es como es y estas cosas se convierten en fiesta y en el popular dicho “mejor está lo que sucede”.
A pesar de aquello “pequeños” inconvenientes, los planes no se fueron abajo, todo lo contrario, a medida que iba bajando la tarde, aquel lugar se llenaba de gente.
Mientras yo me deleitaba buscando libélulas, los hombres preparaban el sancocho y la carne en vara.

Libélula magenta





Una vez listo todo, la verdad que comer por aquellos lados es bastante informal, no nos sentábamos todos a la mesa al mismo tiempo, como se hace en estos lados, sino que íbamos comiendo según se iba desocupando la mesa, los platos y cubiertos, la verdad que las reuniones suelen ser bastante grandes, y no obstante nunca se termina de saber cuantas personas se presentaran, el sistema es correr la voz y hacer suficiente comida para que sobre y nunca falte.


Después de comer, picar y más picar, mientras los niños jugaban en los columpios



y otros caminábamos por los alrededores y compartíamos con la familia… se nos hizo la tarde, dimos una vuelta por la finca para ver el ganado


y disfrutar de la llanura y atardecer de esas tierras que me cobijaron por largos 27 años.
Blogging tips