El alojamiento verdaderamente muy económico, pagamos por dos noches aproximadamente 50 euros entre los tres… debo decir que las casas están en muy buen estado, todas con aire acondicionado y agua caliente.
Llegamos a una zona de cascada, donde hicimos nuestra primera parada y nos encontramos con un grupo de cubanos que también iban de excursión y eran verdaderamente muy simpáticos.
La siguiente parada fue otra cascada donde nos zambullimos en las frías aguas de aquel río que fue testigo de la guerrilla comandada por el Che.
Me posé bajo una pequeña cascada recordando profundamente a mi país, aquel lugar me lo recordaba inmensamente…
Una vez arriba, nos encontramos nuevamente con aquel grupo de cubanos y nos quedamos rato hablando con un señor súper amable y simpático con el que estuvimos bromeando sobre el machismo latinoamericano y la igualdad de género de los países europeos.
Lo vi correr desde la distancia con la mano extendida, mientras le dije a Jaume que parara, que teníamos galletas, el niño de pantalón rojo y que contaba a penas unos 6 años se alegró con el paquete que le entregamos, más atrás venía corriendo una abuela pidiendo jabón, me baje del coche, abrí la maleta y le di una bolsa de jabón que cargaba desde Barcelona.
Continuamos el camino y dentro de mi quedaban tantas preguntas sobre aquella gente. En la soledad de la carretera no pararon de salir niños donde íbamos dejando las galletas, niños que se conformaban con un saludo… hasta que llegamos a la civilización de Santa Clara.
Santa Clara es un poblado de calles cuadriculadas y estrechas, con las fachadas coloniales sin mantener.Los rótulos de los nombres de las calles no existen, se los roban para fundir el metal y venderlo.
Llegamos a la casa concertada, donde nos atendió Rodolfo un hombre de estatura media, muy hablador, culto y ansioso de información, junto a su señora Rosa, simpática, Chavista (como ella misma se describió) y muy servicial.
Aquel día no nos dio tiempo más que para cenar, dar una pequeña vuelta por el pueblo y luego disfrutar una larga charla con aquellos maravillosos anfitriones.
Al día siguiente partimos para el Cayo Santa Maria, aproximadamente a unos 45 minutos de carretera desde Santa Clara. La carretera está en buen estado hasta la entrada hacia la playa…
Rodolfo Ingeniero industrial, alardeaba de que su biblioteca estaba repleta de libros que le regalaban los viajeros que pasaban por su casa, mientras Rosa hablaba de lo poco que ganaban los médicos y profesionales en aquel país.
Ambos queriendo y entendiendo la Revolución, también concordaban que del blanco al negro hay muchos matices, que la Revolución es absolutamente válida, solo que desde sus puntos de vista Fidel había cometido algunas equivocaciones. A pesar de todo aquello se notaba su admiración hacia aquel hombre, al punto de que al día siguiente nos incitó a ver un video de la revolución y la historia de Cuba, mientras por su parte nos explicaba con admiración la lucha de Fidel por el pueblo Cubano y de no dejarse “joder” por los yanquis.