Después de regresar de
Puerto la Cruz. Llegamos a casa y preparábamos el viaje para el día siguiente.
La visita sería a
Puerto Ordaz, una ciudad muy joven de Venezuela, que creció a raíz de toda la industria hidroeléctrica y minera de la zona. Desde mi ciudad hasta Puerto Ordaz pueden ser unas tres horas de carretera, así que aquel día acumularíamos 6 horas entre ida y vuelta.
Y muchos se preguntaran, vale la penas seis horas de carretera en un solo día?, si, los vale!!... y no es por amor a mi tierra, si no porque Puerto Ordaz o
Ciudad Guayana, como suelen decirle, tiene uno de los parques más bonitos que haya visto jamás.
Desde Maturín hasta Puerto Ordaz la carreta es estrecha y en el camino solo te puedes encontrar con grandes extensiones de siembra de pino Caribe y con el
río Morichal largo, el que debe su nombre al
árbol de moriche.


Paramos para disfrutar las rojas aguas de aquel río. En sus orillas viven algunas pequeñas comunidades indígenas y en el paso del puente aprovechan para vender sus artesanías. Así que bajamos para comprar alguna cosa, yo me quedé con un collar de huesos de cocodrilo cuya sencillez me cautivó desde el primer momento.
Allí estaban los niños que miraban extrañamente a los “turistas”
Continuamos hacia nuestro destino y en el camino disfrutaba de las nubes y pinos que se presentaban en el largo horizonte.
Llegamos a Puerto Ordaz y lo primero que hicimos fue dirigirnos hacia el Parque la Llovizna, caminando entre su vegetación de selva tropical lluviosa, entre grandes extensiones de agua, con peces que nos miraban al pasar.
En el paseo nos encontramos con una maravillosa cascada cuya fuerza te baña con su rocío, te empapa la cara y te hace sentir absolutamente afortunada… y maravillarte de la grandeza de la naturaleza… allí entre el calor y el rocío disfruté como niña dejándome mojar.
Después de un largo paseo por el parque, nos fuimos a comer al restaurante del Complejo hidroeléctrico Macagua II.

Un edifico con salas de exposiciones itinerantes y permanentes.

Terminado el paseo fuimos de visita al Parque Cachamay con inmensos árboles y mucha agua también.
Pero la tarde no daba para más, así que nos despedimos de aquella ciudad para emprender el viaje de vuelta… en el camino, la tarde nos regalaba unos colores preciosos, con matices en las nubes…
Cuando llegamos a casa, solo nos quedaban dos noches para
volver a Barcelona, así que aquellos pocos días disfruté de mi familia y mi tierra como hacía mucho no lo hacía.
Volveré…